Un cheque es un documento de valor a través del cual una persona física o jurídica autoriza a un tercero a extraer una determinada suma de dinero de su cuenta corriente en una entidad bancaria. Es decir, los cheques son formas de pago que libra el dueño de la cuenta bancaria y la chequera, a favor de un beneficiario que deberá cobrarlos posteriormente en tiempo y forma.

El tiempo estipulado para cobrar un cheque librado en Argentina es de 30 días desde su emisión, según lo indica el artículo 25 de la Ley del cheque (Nº 24.452). Pasados esos 30 días el cheque como documento de valor quedará sin vigencia. Esto no significa bajo ningún punto que la deuda queda anulada, sino que se deberá consensuar otra forma de pago.

Si el cheque en cuestión es de pago diferido también se encuentra sujeto a los 30 días de plazo para su cobro. Simplemente que el período de tiempo en cuestión empieza a regir desde el día en que es exigible su pago.

Por otro lado, para los cheques emitidos en el exterior pero que se deben cobrar en Argentina, el plazo que tiene el beneficiario para depositarlo en una cuenta o retirar el dinero por ventanilla es de 60 días.

El plazo de 30 días para que el beneficiario de un cheque se pueda hacer del pago del mismo tiene como finalidad procurar que el librador tenga previsto contar con los fondos suficientes en su cuenta bancaria para realizar la operación.

Del mismo modo, según cómo el beneficiario quiera cobrar su cheque hay plazos para hacerse del dinero. Si se cobra el cheque por ventanilla se obtiene el efectivo al instante. Por otro lado, si se quiere depositar en una cuenta de la misma entidad bancaria contra la que se emitió el cheque, también el traslado de fondos se hace al instante, ya que el banco puede corroborar fácilmente que la cuenta del emisor cuenta con esos fondos.

Pero si la cuenta del beneficiario pertenece a otro banco, el depósito del cheque se realiza en dos días hábiles, ya que la operación para comprobar la existencia de dichos fondos debe realizarse entre dos entidades bancarias: la del librador y la del beneficiario.